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La incapacidad permanente

La incapacidad permanente

La incapacidad permanente

 

 

A nivel general, conviene recordar las características, requisitos  y compatibilidades de la pensión de Incapacidad Permanente. La Seguridad Social la define como la  “Prestación económica que trata de cubrir la pérdida de ingresos que sufre un trabajador cuando por enfermedad o accidente ve reducida o anulada su capacidad laboral”.

La incapacidad permanente tiene varios grados:

- Parcial para la profesión habitual: Cuando el trabajador presenta una disminución no inferior al 33% en el rendimiento para dicha profesión.

- Total para la profesión habitual: la que inhabilita al trabajador para su profesión habitual pero puede dedicarse a otra distinta.

- Absoluta para todo trabajo: la que impide al trabajador ejercer  cualquier profesión u oficio.

- Gran invalidez: Cuando el trabajador incapacitado necesita la asistencia de otra persona para los actos más esenciales de la vida.

La situación de incapacidad puede revisarse por agravación, mejoría, error de diagnóstico o por la realización de trabajos, mientras el inválido no haya cumplido la edad de acceso a la jubilación, pudiendo dar lugar a la confirmación o modificación del grado o a la extinción de la incapacidad y por tanto de la pensión.

Nos vamos a centrar aquí en las posibilidades de compatibilizar la pensión con un trabajo y sobre la relación trabajador–empresa tras declararse la incapacidad.

En caso de incapacidad permanente parcial, la prestación es compatible con cualquier trabajo incluso el que desarrollaba antes de la declaración de incapacidad.

Cuando se dictamina una incapacidad permanente total el trabajador podrá ejercer cualquier trabajo exceptuando el que ejercía antes de la declaración de incapacidad.

En los casos de Incapacidad permanente absoluta y gran invalidez se pueden realizar actividades compatibles con su estado, hasta el acceso a la jubilación.

En todos los casos, si se realizan trabajos susceptibles de inclusión en alguno de los regímenes de la Seguridad Social, existe obligación de cursar el alta y cotizar.

En lo que se refiere a la extinción del contrato de trabajo al declararse la incapacidad, hay que reseñar que si se espera una mejoría del trabajador dicha extinción no tiene por qué producirse. Cuando se espere una mejoría en un plazo máximo de dos años la empresa está obligada a mantener esa relación al menos hasta ese plazo de tiempo. Si se produce esa mejoría la recolocación dependerá de las necesidades de personal de la empresa. Si no se produce esa mejoría la relación laboral se extingue. El trabajador percibirá la retribución correspondiente a su nuevo puesto de trabajo, a no ser que el convenio colectivo indique otra cosa.

Esta recolocación sólo es posible en caso de incapacidad permanente total, ya que los grados superiores -absoluta o de gran invalidez- consideran que la imposibilidad de trabajar es para cualquier tipo de trabajo.

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